Hasta la mujer más enamorada se cansa de dar todo por alguien que no le da nada.
Mi timidez ha arruinado tantas buenas oportunidades.
Las probabilidades eran obvias, pero yo me aferraba a lo improbable, me gustaba lo imposible.
Sólo quiero que llege el día en el que nos veamos, abrazarte y susurrarte “te extrañé” al oido.